Después de la pobreza, la violencia juvenil es, sin lugar a dudas, el problema que más afecta la calidad de vida de los jóvenes en el país: además de las pérdidas humanas a causa de la violencia, impone inmensos costos emocionales a los sobrevivientes, las familias y las comunidades.

Los jóvenes que viven en entornos violentos toman decisiones más riesgosas, decisiones pensando más en el corto plazo que a largo plazo y están menos dispuestos a invertir en su bienestar, en el de sus familias y las comunidades: la violencia distrae del desarrollo social y productivo. La presencia de violencia deteriora la calidad de vida, genera miedo, fragmenta las comunidades, reduce las capacidades de producir, hace más costosa la vida cotidiana y hace menos posible competir bien, conduciendo al atraso social y económico.

Este libro está basado en los resultados de la investigación sobre violencia juvenil en los entornos urbanos de Bogotá, Cali, Medellín, Cartagena e Ibagué, que CERAC realizó para FICONPAZ y Pastoral Social de la Iglesia Católica, con apoyo de Caritas Noruega.

 

 

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